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Trip a Oxapampa

Salimos el jueves 7 de octubre por la noche. No conseguimos pasaje de Lima a Oxapampa así que decidimos ir primero a La Merced y de ahí tomar algún carro para Oxapampa. En la estación nos encontramos con Jose, amigo de Rudy. Él estaba con algunos chicos que también eran organizadores del festival Selvámonos. Al llegar a La Merced todos nos embarcamos en el bus para Oxapampa, nuestro destino.


Yo aborté

El debate del aborto en Perú desde la crónica de una experiencia personal.

Uno de los mejores trabajos del último Taller online de Periodismo Narrativo.
También lo pueden leer en el blog de la revista peruana Etiqueta Negra

en el blog la revista mexicana Emeequis.

“Asesina”… me dijeron, lanzándome agua bendita. Han pasado dos años desde lo sucedido y mis manos recién lo cuentan. Con una voz que ahora puede gritar sin prisiones, mismas que hubiese vivido en carne propia si esto se hubiese sabido antes. He encontrado en el camino muchas que quisieran gritarlo, pero ni la sociedad ni el Estado nos lo permite aún, dentro de estos límites. Sin embargo, ya he sanado. Ya he sanado.

#geekqueserespeta

Starbucks del Óvalo Gutierrez. Llego y solo hay 3 twitteros. Dos laptops. Varias bolsas, pins, llaveros y vasos de café. “¿A ver los llaveros?”, digo. Diseños varios. Prendo mi laptop. Inicio el Ustream para hacer una transmisión de la venta. Promoción pro fondos de Milagritos, una niña que necesita una operación de 2 mil soles y medicinas. No la conocemos en persona, pero un miembro de su familia se contactó con Luciana: “¿No están lindos?”, me dice mientras me muestra los pins y llaveros que vamos a vender. En poco tiempo ya somos 13 twitteros los que hemos llegado al lugar. La mayoría nos conocimos virtualmente. Mariela no es Mariela, es “absolutbrand”; César no es solo César, es “cesarbravo”, Giannina es “giapflu” y alguien me dice “¡lorenaflag!” Saludo a lo lejos. Me distraigo mirando al pajarito del Twitter impreso en los diferentes artículos. Separo mis 3 pedidos y compro unos más.

Te jodiste Benny

De un jalón me saca del departamento. Bajo los cuatro pisos de mi edificio corriendo. Cierro la reja y el pobre perro quiere cruzar al parque que está casi al frente. Pero no lo dejo porque esta vez haremos una ruta diferente. Benny sigue jalando la correa. Pasamos un edificio amarillo donde nada nunca parece pasar. A la casa rosada de la esquina le falta otra mano de pintura rosada. Volteo y cruzando veo un cartel grande de la municipalidad donde menciona las “areas verdes”, no las “áreas verdes”. Me urge ponerle un sticker para la campaña de acentuación pero me detengo a pensar que esa no es mi cuadra, mi cuadra sigue siendo aburrida. Benny mira con indiferencia al portero de otro edificio que duerme en esta fría mañana y a quien nunca ha visto en los 2 años que vivimos por la zona. Volteo a una calle por la que he pasado tres veces en todo este tiempo y digo “Te jodiste Benny”, no hay pasto para que haga. Benny me mira enfurecido y trata de regresar al parque. 

Piso 12

“Me perdí” le digo por el celular mientras que él trataba de darme direcciones fallidas. Tras caer en la cuenta que su derecha es mi izquierda y corregir el error, aparezco en su barrio, la parte bonita de Surquillo, rodeada de edificios altísimos y nuevos. El de la esquina es el suyo. Piso 12. Abre la puerta. Lo saludo, sonreímos e ingreso. De noche las luces amarillas iluminan la ciudad. A lo lejos se ve la cruz del cerro y por el otro lado el supermercado “Metro” se distingue claramente. No me acerco a la terraza porque soy acrofóbica. Sobre el sofá marrón hay una fotografía suya ganadora de algún premio, según me cuenta. En la foto se ve el espejo retrovisor de un bus, en frente del bus hay una bicicleta que pasa. El marco es azul, como la puerta. Cerca a la puerta hay un cuadro grande. Me dice que lo pintó en una época “inestable” de su vida.

Dinamita

La calva la tiene desde hace 10 años pero aún se ve joven. No representa el medio siglo que lleva vivo, ni los 27 de padre. Las cejas pobladas son el “trademark” de la familia. La pronunciada nariz representa el legado italiano que le dejó la madre. Las arrugas, más que el paso de los años, son resultado del cigarro y el trabajo, el cual que no deja ni los fines de semana. Se le ve cansado pero solo cuando no sonríe. Suele sonreír, felizmente. La barba siempre la tiene bien afeitada. No usa sus lentes pero los lleva consigo.

¿Quieres conocer mi cuarto?

No esperaba tal invitación y menos cuando se disponía a abandonar aquel departamento del cuarto piso. “Ok” dijo entre asustado y enternecido. Estaba nervioso. El hogar estaba vacío. El padre pronto llegaría. Sus ansias crecían. Su corazón latía mientras atravesaba, en silencio, el pasillo con olor a perro que divide la vivienda.

Se paró en el umbral de la puerta ante un cartel que decía “Laberinto de Miradas”, afiche que ella se robó de una de las tantas exposiciones en las que participó como asistente del centro cultural donde laboraba. El cartel ocultaba algunos huecos taladrados por la dueña. Él se dio cuenta. No dijo nada. Se percató de la disonancia que hacía la televisión último modelo sobre la cómoda, vieja, llena de stickers y figuritas que descifraban un pasado, crecimiento y evolución. Admiró el pequeño sticker de una agencia de viajes de una ciudad que no visitó con ella o el gran logo de “MTV” que tenía el segundo cajón de la derecha junto a otro donde Delta te recordaba: “do not disturb”.